Siguen la pista de la langosta espinosa

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El mar que baña a las costas venezolanas esconde centenares de maravillas, entre ellas un crustáceo que durante décadas ha sido objeto del deseo: la langosta.

Distintas son las especies que hacen vida en el fondo marino local, pero es la Panulirus argus, conocida como langosta espinosa, la más abundante en Venezuela. Es ésta la que tiende a ser pescada en el Parque Nacional Los Roques, de donde proviene casi 90% de las que son extraídas de su hábitat. Pero la distribución de esa variedad del crustáceo puede ser más extensa y esa hipótesis se está comprobando.

El Instituto Socialista de la Pesca y Acuicultura, antes Instituto Nacional de Pesca (Insopesca) y Acuicultura (Inapesca), ha destacado biólogos en isla La Tortuga para determinar si la langosta que hace vida en los alrededores de este paradisíaco lugar pertenece a la variedad espinosa.

Pescar y soltar Con la ayuda de pescadores y lugareños, buzos del Insopesca se internan en las aguas de La Tortuga para pescar las langostas que hacen vida allí.

Para ello no usan anzuelos ni nada que les produzca daños irreversibles a los crustáceos. Pueden utilizar nasas, unas redes metálicas en las que entran los animales atraídos por un cebo, son encerrados y luego sacados del agua. También son capturadas a mano, buceando a pulmón.

Una vez que se extraen los individuos del agua y son llevados a la embarcación, un bote pesquero, son pesados uno a uno. Se determina tanto su sexo como su madurez; son medidos y se lleva un control tanto del número de individuos recolectados como las características de cada ejemplar.

Tras ser balanceados, el biólogo del Insopesca toma una muestra genética del crustáceo, con la que se va a determinar si en efecto la especie hallada pertenece a la Panulirus argus.

Esa muestra genética se obtiene cortándole una de las patas inferiores al animal. Según los biólogos, cercenarle un miembro a la langosta no le causa mayores daños, puesto que el crustáceo suele desprenderse por sí solo de sus miembros cuando es amenazado por los predadores del mar. Con el tiempo, el miembro se le regenera, es decir, que para las langostas el perder una de sus patas es casi rutina de vida.

Luego de que los ejemplares son analizados, son devueltos al agua y las muestras recolectadas son envasadas en soluciones químicas que conservan el estado de las mismas hasta su traslado a Caracas, donde es estudiado el perfil genético que permitirá establecer con precisión cuál es la variedad de langosta de La Tortuga.

Crustáceo protegido Las variedades de langosta en Venezuela están en la lista roja de especies amenazadas, pero clasificadas dentro de la categoría “Menor riesgo”. Eso quiere decir que sus poblaciones no se encuentran, aún, en niveles críticos.

Pero pese a la relativa fortuna del crustáceo, su obtención está regulada por el Ministerio de Agricultura y Tierras. En el caso de la especie Panulirus argus está prohibida su pesca por otro método que no sea el empleo de nasa o de manera manual a través de buceo a pulmón.

La obtención del animal con fines comerciales, lo que se conoce como temporada de langosta, es posible sólo del 1 de mayo al 31 de octubre.

No se puede pescar a cualquier langosta. Las leyes locales permiten extraer únicamente ejemplares cuyo carapacho mida más de 12 centímetros, que pesen más de 1 kilogramo y que no sea una hembra ovada, es decir, que no esté por tener descendencia. El resto de los individuos capturados deben ser devueltos al mar.

Para pescarlos dentro de los parques nacionales, como Los Roques, que es santuario de la langosta espinosa, las embarcaciones y pescadores deben tramitar permisos a trav´es de la Dirección General de Pesca y Acuicultura del Ministerio de Agricultura y Tierras.

Aunque el sabor de la carne de este animal sea su mayor atractivo, no sólo en Venezuela sino en el resto del planeta, hay que tomar en cuenta que este crustáceo es cocinado en agua hirviendo, aún estando vivo.

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