Opinión
CONSERVEMOS NUESTROS SUELOS. SON UN RECURSO “NO RENOVABLE”

ING. JOSÉ ALFREDO MUÑOZ (FOTO AGROISLEÑA BLOG)José Alfredo Muñoz B.
De acuerdo con las Sagradas Escrituras, cuando Dios creó al hombre a imagen y semejanza suya, lo hizo responsable de su destino al decirle: “ procread y multiplicaos y henchid la tierra; sometedla y dominadla…,sobre todo cuanto vive y se mueve en ella”. No por azar lo creó a partir del barro y lo hizo dependiente de la Naturaleza. Desde ese momento, quedó planteado el sentido ecológico de la existencia humana.
Hasta ahora, el hombre ha cumplido con el mandato de llenar la tierra, pero en cuanto a “someterla y dominarla”, parece que no ha entendido el alcance ético de tamaña responsabilidad. No se puede negar que los recursos del planeta son finitos y que, al ritmo de consumo y distribución actual, nos enrumbamos hacia un futuro donde prevalecerá la degradación del medio natural, especialmente del recurso suelo.
Se ha dicho, en reiteradas oportunidades, que la tierra fértil está desapareciendo rápidamente. Estudios efectuados por la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO), han arrojado cifras alarmantes relacionadas con la degradación grave de mas de 300 millones de hectáreas de tierra cultivable y mas de 950 millones de hectáreas con degradación moderada, significando ello un notable descenso de la productividad. De hecho, se ha estimado que existen aproximadamente 13500 millones de hectáreas, de las cuales solo el 11% no tiene limitaciones de uso agrícola; 28% son demasiado secas; 23% tienen problemas de fertilidad; 10 % son demasiado húmedas; 6% están permanentemente heladas y 22 % tienen la capa arable demasiado delgada.
En Venezuela, como es lógico suponer , no toda su superficie es apta para la actividad agrícola. Las limitaciones que han sido establecidas como “prioritarias” son: aridez (4%),mal drenaje(18%), baja fertilidad (32%) y excesivo relieve (44%). El resto (2%), se considera que tiene escasas limitaciones para su uso agrícola y en cuanto a su ubicación, están distribuidas en áreas de la cuenca del lago de Valencia, valles extensos del estado Yaracuy , llanos altos occidentales y en el estado Miranda.
Volviendo al tema de las áreas con problemas, es importante señalar que las mismas tienen, a su vez, otras limitaciones que son necesarias considerar a la hora de establecer un plan o programa de desarrollo agrícola; mas específicamente, zonas con aridez presentan erosión en áreas planas y colinas, relieves de alta pendiente y suelos con altos contenidos de arcilla y sales; zonas con limitaciones de drenaje, muestran suelos con altos contenidos de arcilla y con dificultad para la labranza; zonas con baja fertilidad- como los suelos arenosos de las sabanas orientales y Apure-, presentan baja capacidad de retención de humedad y, finalmente, las zonas con excesivo relieve, tienen como limitaciones a la erosión, suelos poco profundos, pedregosos y con bajo contenido de nutrimentos esenciales. Buena parte de la producción de alimentos proviene de éstas zonas con limitaciones. A título de ejemplo, cerca del 20% del área bajo riego, se encuentra en zonas áridas; el grueso del abastecimiento de hortalizas, se realiza con la producción bajo riego en suelos con problemas de aridez , salinidad y erosión (Lara y Falcón).Toda la suma y complejidad de factores limitantes, como la baja fertilidad, acidez, alcalinidad , pendientes pronunciadas, mal drenaje y salinidad, entre otros, hace que en Venezuela tengamos , aproximadamente, unos 70 millones de hectáreas a las que hay que aplicarles correctivos que , de paso, ameritan fuertes inversiones que redundan en elevados costos y tiempo, con resultados no siempre halagadores.
Es por ello, que se hace indispensable “Conservar” y “Explotar” con suficiente criterio, los pocos suelos que tenemos disponibles sin –o con pocas- limitaciones de uso agrícola. La pregunta obligada es ¿que hacer?.
Lo primero que hay que tener en cuenta es que el suelo es un “RECURSO NO RENOVABLE”, ya que una vez que es destruido, prácticamente se pierde para siempre. Como dato interesante, un suelo se forma a razón de un centímetro cada 100 a 400 años, necesitándose entre 3000 a 12000 años para formar un suelo”agrícola”.Con esa premisa básica, pasamos a la segunda:”NO HEREDAMOS EL SUELO DE NUESTROS ABUELOS, SINO QUE SE LO PEDÍMOS PRESTADO A NUESTROS NIETOS”.La palabra clave es , por consiguiente “CONSERVACIÓN”, para no chuparnos el jugo y dejarles el bagazo.
Lamentablemente, éstas máximas pareciera que no llegan a quienes debieran. Da tristeza ver como cada día, por falta de conciencia, planificación o por intereses que no vienen al caso discutir en esta ocasión, se destruyen los mejores suelos del país para convertirlos en zonas urbanas. La voracidad del crecimiento urbano no tiene contemplación alguna, depredando los mejores suelos agrícolas del país y pareciera que no hay poder alguno que la detenga. En apenas 70 años, el país ha pasado de tener 85% de su población en zonas rurales a casi trocar las cifras en la actualidad; es decir, cerca del 85% vive ahora en las zonas urbanas. Que queda, entonces, para producir los alimentos que necesitamos? El lector dirá, seguramente y con justicia , que hay que conservar esas tierras sin limitaciones – coloquialmente, el lomito-, y que hay que producir en las tierras con limitaciones , y según sean éstas, implementando una adecuada zonificación y adaptación de los cultivos a explotar o, en su defecto, la actividad pecuaria mas conveniente o forestal ;otra opción sería aplicando los correctivos necesarios, como prácticas agrícolas, enmiendas, adaptaciones y tecnologías propias y adaptadas a las condiciones imperantes. Una práctica que sin lugar a dudas es muy recomendable pero que, no necesariamente se aplica en todos los casos, como se ha querido hacer ver, es la Labranza Conservacionista , mejor conocida como Mínima Labranza o Labranza Cero. Nadie cuestiona que es una práctica sumamente ventajosa y necesaria, muchas veces hasta imprescindible, si se le compara con otras formas de preparar el suelo y sembrar. Vale la pena acotar que , por cierto, fue el Gramoxone ,- uno de los herbicidas (léase agroquímicos) más útiles al agricultor-, el que, quizás, revolucionó el sistema de siembra de muchos cultivos, como cereales y leguminosas. La Labranza Conservacionista o Siembra Directa, referida a la mínima o ninguna preparación del suelo con equipos especiales o específicos para ello, como se le considera actualmente, comenzó en la década de los sesenta con la introducción de los herbicidas de contacto, específicamente del paraquat, ingrediente activo del Gramoxone. Los investigadores, por consiguiente, no solo descubrieron las bondades de dicho herbicida sino que también participaron en el desarrollo de las sembradoras especiales para el posterior desarrollo y cada vez mas creciente adopción de ésta práctica. En otras palabras, cuando se hable de las bondades y avance de la Siembra Directa, habrá que tener presente que está ligada , en gran medida, al Gramoxone y que , gracias a ello, se ha contribuido a la reducción de la erosión , disminución de los costos, ahorro de combustibles, mano de obra, uso de maquinaria pesada, mejoramiento y recuperación de suelos, para citar algunos importantes logros. También es justo reconocer los aportes de otro grupo de herbicidas, ampliamente usados en esta practica de siembra, con son los a base de Glifosato. En el mercado nacional destacan las marcas comerciales Glyfosan LS, Glyfosan 747 SG, Glyfosan Forte 648 LS.
Finalmente, quiero dejar el mensaje de que el manejo “racional” de los suelos es fundamental en la conservación del ambiente en general, lo cual es básico en una Agricultura Sustentable. El suelo no es otro instrumento en la producción de cultivos, como lo son los fertilizantes, la maquinaria y otros insumos; por el contrario, es un medio complejo, viviente y frágil que tiene que ser protegido y alimentado, para asegurarse su estabilidad y productividad a largo plazo .Para entender el alcance de la importancia de lo que es el suelo y de la necesidad de su adecuado manejo y conservación, de mi apreciado y distinguido colega, además de poeta, Pedro Raúl Solórzano, me honro en plasmar , a continuación, la que ha denominado “La Parábola Edafológica”:
El suelo puede ser,
en las manos destructoras del hombre,
tan frágil como una burbuja flotando en el éter,
tan delicado como un niño recién nacido
en la ausencia materna,
y tan fugaz como la claridad del relámpago
o de la luciérnaga inquieta.
Pero el suelo debe ser
en las manos generosas del hombre,
cuerpo natural, asiento de vida,
cuya bondad se prolongue al tiempo infinito,
como manantía de riqueza para la existencia humana.
“Tenemos que respetar la naturaleza”.
















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